Hoy me apetece ponerme mona, pintarme, enfundarme en un diminuto vestido y subirme a los tacones que me hacen sentir poderosa.

Hoy me apetece que me vengas a buscar, que cuando me veas ahogues un “wow” y que me digas lo guapa que estoy mientras me das con cuidado un suave beso en la mejilla para no estropear el maquillaje.

Hoy me apetece que me mires con picardía sin decir nada cuando me abras la puerta del coche y yo contenga las ganas de colgarme de tu cuello.

Hoy me apetece que conversemos en el coche de lo grandes que se hacen los niños, los míos y quizás también los tuyos, de las anécdotas mas curiosas que les ocurren, de cómo nos ha ido la semana y la de trabajo que tenemos, mientras pienso en lo atractivo que eres.

Hoy me apetece que vayamos a cenar y que pidas como siempre por mí, porque ya me conoces a la perfección y siempre aciertas.

Hoy me apetece que me despiertes la pasión mientras me miras tras tu taza de café después del postre.

Hoy me apetece que vayamos a tomar una copa a ese sitio que tanto nos gusta y siempre repetimos, y que cuando se rocen las manos me hagas vibrar como el primer día.

Hoy me apetece que volvamos a mi casa y que me hagas el amor y después me folles y que bromeemos del rímel sobre mis mejillas mientras recostados en la cama, recuperamos el aliento.

Hoy me apetece que te quedes a dormir abrazado a mi.

Pero no, seguramente hoy mire la agenda y decida qué quiero, cómo lo quiero y a quién quiero sin ser tú.

Seguramente me pintaré, me enfundaré en un diminuto vestido, me subiré a mis tacones que me hacen sentir poderosa y conduciré mi coche para encontrarme con él.

Seguramente me recordará cuando me vea lo que “le pongo” y todo lo que podríamos hacer después, porque ahora me gusta escucharlo.

Seguramente tendré que hablar de todas mis alergias alimenticias y de lo que no me gusta si plantea compartir algún plato.

Seguramente nuestra conversación cenando será de sexo, de su vida y de lo bien que estamos.

Seguramente pagaremos a medias y no sabremos donde ir a tomar una copa, y me acercará a él con cualquier excusa, y se activarán mis feromonas y se disparará la libido en cuanto lo note cerca, decidiremos entre besos desesperados si en su casa o en la mía, en la suya posiblemente, por poco que puedo siempre es así.

Seguramente follaremos, una, dos y hasta tres veces, tendré buen sexo y después de una ducha rápida, me limpiaré el rímel de las mejillas, me vestiré y me iré saciada.

Es lo que hay (no está nada mal) hasta que te encuentre y pueda hacer todo lo que me apetece contigo.

Moraleja: Carpe Diem

 

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