En el momento actual en que sólo vende el morbo, los rumores y los cotilleos, la prensa deportiva no podía mantenerse al margen y ya ha entrado por derecho propio en lo más profundo del cubo de basura mediático pasando a ser un show más, bochornoso y esperpéntico, pero un show al fin y al cabo.

 

Si miramos en perspectiva el cambio que ha sufrido la información deportiva en los últimos años, podemos ver que hay telediarios enteros dedicados a deportes, tertulias diarias (a grito pelao discutiendo sobre temas de lo más absurdo), retransmisiones en directo y diferido a todas horas y hasta canales temáticos de un equipo de fútbol concreto, pero realmente ¿pasan cosas como para amamantar tanto circo? obviamente no. 

Por ejemplo, en verano no hay fútbol, pero se habla de lo que está haciendo tal jugador en vacaciones, o de si se ha casado otro, se inventan rumores sobre fichajes, etc… si a esto se suma que el resto de deportes venden menos, o por lo menos no de forma masiva, pues nos encontramos con ese panorama deprimente en el que interesa más un jugador del Barça o del Madrid haciendo reformas en su lavabo que el hecho de que se esté disputando el campeonato del mundo de otro deporte.

 

Algunas características del periodismo deportivo actual (por lo menos en España), es la casposidad, la incoherencia, el amiguismo, el machismo o el #chovinismo más rancio.

Estamos en un país que hasta hace unos 10 años no era gran cosa, por lo menos en los deportes más populares, y que a raíz de la aparición de Nadal, Gasol, Alonso, etc….ha conseguido inflar su ego hasta mirar con cierta chulería y aires de grandeza de #nuevorico a países con mucha más solera y tradición….., mejor no recordar el lema “soy español, ¿a qué quieres que te gane?”. 

Ejemplos de esto hay a montones, desde autoproclamarnos “los mejores del mundo” cada dos por tres y hacernos los entendidos en deportes que no tenemos ni puñetera idea porque gana un español o española, a poner a parir a un deportista extranjero si da positivo en un control antidopaje, pero si ese deportista es español, léase Alberto Contador justificarlo contra viento y marea (es que le dieron carne contaminada, van a por él, los franceses nos tienen manía, etc…).  

El ejemplo más surrealista de todo esto es el del esquiador de fondo de origen alemán y nacionalizado español Johann Mühlegg. Se le adoptó con los brazos abiertos, y se le llegó a bautizar como “Juanito”, hasta que le pillaron con el carrito del helao en un control antidopaje… se le retiraron las medallas olímpicas, volvió a ser Johann, se renegó de él y nunca más se supo ni de Juanito ni del esquí de fondo en este país.

 

Aún queda la esperanza de que vengan generaciones con un mínimo de nivel cultural para no sucumbir a tanta basura y de que sigan vivos pequeños reductos con algo de estilo y buen gusto para que se hable y sobretodo se informe de DEPORTE,  mientras tanto seguiremos bajando por la espiral hasta tocar fondo en forma de deportista de primera linea en el polígrafo de “Sálvame Deluxe”.

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