ESTENOPEICA.

Rara palabra ¿eh? No la busquéis en el D.R.A.E que los momificados académicos no están por la labor de aclararnos la jerga técnica.  El término se refiere a unas curiosas cámaras fotográficas muy sencillas que servían para entretenernos en  las tardes lluviosas  hace pocas décadas. De modo que hoy me voy a permitir invadir el terreno de mi colega  fotógrafo para referir al respetable lo que me divertí allá por los noventa, haciendo fotos con un cajón cuya confección requería un minucioso bricolaje y con ello ya justifico mi incursión en su parcela del blog.

Cierto día aprendí que se podía sustituir el carísimo objetivo de una máquina fotográfica con un simple (*) agujero  practicado en una caja y allá que me tienen buscando información sobre el curioso capricho y cómo conseguir fotos presentables con ello.

Por aquella época yo era fotógrafo de los de líquidos malolientes, ampliadora, cronómetro,  y cuarto de baño ocupado hasta las tantas con cartel de “no entre nadie”, así que ya estaba provisto de casi todos los artilugios necesarios.   A partir del cajón metálico de un fichero que confisqué en la oficina, empecé el proyecto.

(*) Más arriba he escrito yo algo sobre un “simple” agujero. No se  crean lo de ‘simple’.  El agujerito en cuestión necesitaba ciertas condiciones; no se podía hacer de cualquier manera  ni podía tener cualquier diámetro. Ahorraré a los lectores  los cálculos  que tuve que hacer para determinar que, teniendo en cuenta las dimensiones de la caja de que ya disponía, el diámetro del agujerito (o “estenope” que es la palabra técnica) debía tener exactamente para la correspondiente distancia focal y ser perfectamente redondo para evitar la difracción (horrible palabro que tampoco explicaré salvo requerimiento judicial), para lo que tuve que emplear una aguja insertada en una Dremel (taladro para fanáticos fundamentalistas  del bricolaje)  y equilibrada con precisión de maestro relojero.

Estenopeica1

Tampoco les daré la vara sobre la necesidad de que el  respaldo del cajón fuese inclinable para corregir las líneas verticales en la fotografía arquitectónica. Eso es más bien propio del tratamiento para poder conciliar el sueño   y quiero que permanezcan despiertos hasta el final.

Tampoco les cansaré contándoles cómo tuve que ingeniármelas para determinar la duración de las larguísimas exposiciones necesarias con las que,   mediante los cálculos del efecto Schwarzchild (juro que esto no ha sido un estornudo) y la sensibilidad ASA del papel, pudiese salir algún resultado en el que -curiosa paradoja- para obtener un negativo, había que utilizar papel de positivar. El resultado final se obtenía a base de una copia por contacto, un cristal y un lamparón de muchos watios.

Diré que, después de varios intentos para determinar el mejor material para la confección del objetivo, resultó que el apropiado era, ni más ni menos que el  aluminio de la tapa de un yogur Danone. Aprovecho para colar un inciso y es que desde aquella época, el yogur ha entrado en mi vida y no me ha abandonado.

Aquí me tienen posando durante doce largos minutos  en la terraza de mi antigua casa.

Estenopeica2

Hoy día  me entretengo intentando resucitar el viejo arte de la fotografía estenopeica y me tropiezo con que las exposiciones  demasiado largas (pueden ser de hasta media hora) no le sientan nada bien a los modernos sensores digitales.  Ya les tendré al corriente.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR

Pin It on Pinterest

Share This
A %d blogueros les gusta esto: