Cuando suena el interfono ya puedo sentir la excitación y así lo comprueba nada más desearme un escueto buenos días tras mirarme a los ojos, y sonríe cuando sus dedos encuentran la humedad.

Rápidamente le invito a entrar con un torpe portazo a su espalda, colgada ya de su cuello.

Sin apenas preliminares se ha desnudado, yo ya lo estaba, nunca hay tiempo que perder.

No existe el romanticismo del desnudo mutuo, de la misma manera que no existen las palabras, tan sólo gemidos de placer desde que llega hasta que rápidamente se va y me deja con la divina resaca sola en la ducha.

Lo que más me gusta es como recorre con su mirada cada centímetro de mi piel, para acabar siempre en mis ojos, siempre me mira a los ojos, es lo más cómplice que podemos compartir, las miradas.

También me gusta ese momento que arruga la nariz cuando saco el preservativo y ladeo mi cabeza a modo #esloquehay y se lo pone sonriendo negando con la suya.

Siento cómo se funde en mi cuerpo y se estremece de placer, al igual que yo, pero escucharlo y verlo, me eleva.

Su cuerpo es perfecto, lo disfruto al máximo mirándolo en silencio mientras cambia de postura en diferentes ocasiones, excitado sin dejar de tocarme, de mirarme, de besarme sin orden, siento como el deseo se escapa por nuestros poros.

Pensé que nunca más volvería a tener un sexo tan excelente, pero este hombre me ha devuelto la #fe, sólo puedo susurrar #dios… llegando al #cielo en cada movimiento.

Quizás es nuestra curiosa relación de amantes sin diálogo, sin explicaciones, sin fechas, lo que hace tan excitante sus furtivas visitas.

Se marcha en silencio, sin preguntas, sin promesas tan sólo cogiéndome la cara con una mano y besándome apasionadamente.

Y aunque no necesito más de él, sé que volveré a recibir otro día un whatsapp:

Hola? (Entiendo: quiero verte).

Y yo respondo:

Hola! (Entiende: yo también).

Lo siguiente que recibo es: En 10 minutos.

Yo siempre contesto: OK

Posiblemente nos cruzaremos por la calle el mismo día, o al siguiente, nos desearemos buenos días o buenas tardes, mirándonos a los ojos seguirá nuestro silencio cómplice que sólo se rompe con gemidos en la privacidad más extrema.

PD. Muchas veces la ficción supera a la realidad, o era al revés?

 

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