Viernes, 09:17, estoy en mi terraza con un café y una tostada con mantequilla, se me ha vuelto a olvidar comprar #mermeladadefresa.

Mientras regalo corazones en Instagram y doy vueltas a la sacarina del café, recibo un escueto whatsapp:

“Te espero en la 311 en el hotel de siempre, hoy a las 21:30”

Respondo un: “jajajajajaja, para hoy ya tengo planes” y sigo pasando fotos de gatos #estiraos en el suelo, de pies, de amaneceres nublados, de calles en blanco y negro, de reflejos en charcos…

“Sí, te los acabo de comunicar. Hoy lo único que estará frío, será la cena que nos esperará en la habitación”.

Respiro hondo y contesto.

“No puedes aparecer así de la nada y desmantelarme mis planes. No te esperaba hasta dentro de dos semanas. Como quedamos, ¿recuerdas? ¿Qué haces aquí? Cuando has vuelto a Barcelona?”

“Hablas y preguntas demasiado. Tendremos tiempo de charlar mientras te miro como te duchas esta noche después de habernos disfrutado”.

Y mi tostada…, que también se ha quedado fría… pienso mientras dejo la última foto de IG sin corazón y salgo de la aplicación.

Mientras recojo la mesa del desayuno, me descubro sonriendo. Sus #carnososlabios, es lo primero que me viene a la cabeza.

Recuerdo el día que nos conocimos. Ya me avisó nuestra amiga común, que lo encontraría irresistible. No se equivocó.

Me reconoció mientras me acercaba y ya me sonría. No pude evitar besarlo en los labios. Tardó unos 2 o quizás 3 segundos en separarme, mirarme a los ojos y susurrarme al oído: “un placer conocerte”. No me dio tiempo a responderle que esta vez fue él quién me besó apasionadamente largo rato. Y allí estábamos, en pleno centro de Barcelona, en la calle, en la entrada de la cafetería donde habíamos quedado, enredados entre abrazos donde a pesar del frío, nos sobraban los abrigos.

Mientras torpemente me secaba con la toalla recién salida de la ducha, me ponía desodorante y echaba un vistazo al vestido que tenía preparado, sonaba en Spotify “Can’t falling in love” de Elvis Presley. Hacía mucho tiempo que no escuchaba algo tan #fifi!! Qué pastel!!!

Casi me caigo tropezando con la ropa sucia del suelo intentando pasar a la siguiente canción. Nada de despertar la sensibilidad con música romántica. Prohibido. Me prometí no enamorarme de ningún hombre más de labios carnosos, ni de ninguno! Éste es capaz de desmantelar mi #autocontrol si nos viéramos frecuentemente.

Todo controlado, encuentros esporádicos cada “X” semanas, es un amante más, no hay peligro, me engaño mientras me pongo mi perfume favorito mirándome en el espejo de mi habitación.

No hace mucho leí : quédate con el hombre que te haga sentir las mariposas en el clítoris, en el estómago es por hambre.

Mierda, las siento por todos lados mientras conduzco para encontrarme con él!

Tres toques suaves con los nudillos en la 311 y allí me recibe, con una copa de cava en la mano, recién duchado, su pelo aún mojado, con su #outfitcasual, perfecto, y esos labios carnosos sonriéndome, esperándome.

Guapísimo. Me paraliza. Me asusto de mi misma y me repito, sólo sexo, sólo buenos momentos.

Si fuera una mujer estaría torturándome con preguntas del tipo: ¿Ya no le gusto? ¿Se ha acabado la pasión? – Dice dejando la copa de cava en el suelo. –¿Recuerdas la primera vez que nos vimos y me acosaste sin tiempo a reaccionar? Y ahora…, te quedas en la puerta con cara de tonta como si fueras buena esperando a que te invite a entrar, ¿desde cuándo pides permiso tú?

Justo esta mañana he recordado esa escena, pienso sin decírselo.

– Calla, idiota!

Me abalanzo sobre él y le beso o me besa, y tal como está introduciendo sus dedos entre mi pelo para sujetarme de la nuca…, ya estoy #excitada.

Se me cae el bolso de las manos cuando noto que va bajando la cremallera del vestido y con el mismo deseo de siempre, acompaña la mirada a sus manos mientras contonea el vestido por mi cuerpo deslizándolo hasta el suelo.

Es el rey del erotismo, pienso mientras lo veo arrodillado empezándome a besar los muslos suavemente agarrado con fuerza a mis nalgas.

Después de laaaaaaaargo rato de sexo dulce, pasional, salvaje, y cariñosamente excitante, descubro que realmente había cena en la habitación y me acerco al carro metálico. Antes de abrir lo que oculta la semicircunferencia plateada más pequeña, escucho desde el baño: cóctel de gambas y no, no lleva piña, me he acordado de tus alergias!

Sonrío. Es encantador, pero no, que no lo sea tanto o se tendrá que acabar. Decido darme una ducha antes de picar algo.

– Te importa que pase a darme una ducha?

– Por favor…, te estaba esperando.

Es un placer que el agua salga caliente al segundo de meterte en la ducha.

Este es el momento que más me gusta. – Dice sentándose en la tapa de wáter acomodándose.

Sonrío mientras el agua empieza a mojar mi espalda.

No te lo dije, hace 2 meses pedí el traslado definitivo y me lo han concedido, un compañero de Barcelona se jubila dentro de tres semanas. Vuelvo a casa. Se acabaron los hoteles y podremos vernos con toda la frecuencia que dispongamos.

Cómo? Fue lo máximo que acerté a decir mientras me envolvía en una toalla.

Hacía tiempo que me planteaba volver y ya se que hace poco que nos conocemos, pero casi que ha sido lo que realmente me ha empujado a tomar la decisión. Seis años viviendo en Madrid, demasiado. Cada vez vuelvo antes para verte como te habrás dado cuenta. He hablado con mis padres y mientras no encuentre piso, me instalaré con ellos provisionalmente y en tiempo record encontrar…

Pe… pero… 

Me encanta cuando te estresas y no puedes ordenarte las palabras. ¿No estás contenta?

Era lo peor que me podía pasar!!! ¿Cuando me estreso no ordeno las palabras? ¿Tanto me conoce? De repente sentí frío y con la necesidad de vestirme.

– Estoy contenta por ti, si es lo que querías. Yo en ningún momento te he pedido de vernos con más frecuencia, es más, sabes que no quiero nada estable con nadie, te lo dije desde la primera noche y si nos vemos más amenudo… No es buena idea seguir viéndonos.

¿Por qué te vistes? ¿Te vas? ¿No te quedas a pasar la noche? Podemos hablarlo tranquilamente…

No sabía porque me estaba vistiendo, ni siquiera me había planteado que era para irme, pero sí, quizás era lo mejor.

Yo no puedo permitirme el lujo de enamorarme, y me gusta demasiado. Estaba notando que con él podría perder mi Norte, con lo que me costó recuperarlo. Era momento de poner fin a estos encuentros, carpetazo definitivo.

Lo siento, no podemos vernos más. Te deseo suerte en tu cambio laboral, de verdad.

¿Qué no podemos vernos más? ¿Así, sin más?

Es mi decisión, respétala. – Dije recogiendo el bolso del suelo y abriendo la puerta de la habitación 311.Por favor.

En el ascensor borré su número de teléfono de la #agenda junto con todo el historial de #whastapp y en el parking, todos sus #correos.

Mientras conducía, el teléfono sonó un par de veces de su número ya desconocido.

Amantes: todos necesarios, ninguno imprescindible y hay que darse cuenta antes de que se convierta alguno en #prescindible y se pierdan los #necesarios.

Lo siento…

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Share This
A %d blogueros les gusta esto: