Un marciano en la fiesta del cine

Dada la coincidencia de fechas con la Fiesta del Cine, me pareció que podría ser una buena oportunidad como #invitado para apuntar algunas reflexiones sobre el futuro de la exhibición cinematográfica desde una perspectiva actual, a la vez que me serviría de excusa para permitirme una pequeña crónica/reseña sobre una de las películas de moda.

Vayamos por partes; la fiesta del cine parece consolidarse entre el millón y medio y los dos millones de espectadores de las tres últimas ediciones, cifra evidentemente muy por encima de la asistencia habitual a nuestras salas y más entre semana. Creo que este dato por sí solo, debería hacer reflexionar al sector sobre si el modelo de negocio actual es sostenible en los términos en los que se está planteando que, con matices, apenas se ha modificado en las últimas décadas.

A pesar de los profundos cambios tecnológicos que han revolucionado nuestros hábitos de consumo audiovisual, del incremento de las descargas legales e ilegales de películas y otros contenidos multimedia (y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra), de las notables mejoras del visionado en domicilios particulares en unas condiciones tan óptimas (pantallas gigantes, resolución 4K, 3D, home cinema, barras de sonido, etc.. ) que cada vez tienen menos que envidiar a la de las salas de exhibición cuando no las superan directamente, del creciente consumo video en #streaming sea ilegal o legal (y para muestra el degoteo de plataformas de video bajo suscripción o demanda, como el caso de las más veteranas Wuaki, Yomvi o Filmin o la más reciente Netflix) o de la enorme competencia que supone la eclosión de una creciente y potente oferta televisiva plagada de canales que cada vez basan más su oferta en series, deportes y realitys y menos en cine. Pues bien a pesar de todo ello, los principales agentes implicados: productores, distribuidores y exhibidores siguen obstinados en un modelo que, cuando menos desde fuera, parece condenado a la renovación o la extinción. ¿Quiero decir con esto que dejará de producirse cine?, en absoluto, todo lo contrario pues el sector audiovisual está creciendo como nunca, lo que me parece más dudoso es que sea sostenible el actual modelo de exhibición, con salas vacías en la inmensa mayoría de sesiones. Es cierto que se han dado algunos tímidos pasos (días del espectador, descuentos por carnets de abonados, tarifas planas, ofertas complementarias, etc..) en los que por cierto y no por casualidad, a menudo han sido pioneros los cines El Punt (antiguos Kursal de Cerdanyola), pero se me antojan insuficientes. Con frecuencia cuando se expone que el cine es caro, desde el sector se contraataca con un vendaval de cifras y datos que pretenden demostrar que en función de nuestra renta per cápita estamos en línea con el resto de Europa y quizás sea cierto pero, #humildemente, no creo que sea ese el enfoque adecuado. Nuestra cultura social no es la misma que la de otros países (sin olvidar la crisis y los 5 millones de parados) y para nuestra mentalidad de tradición “picaresca” gastar 50 o 60 euros para ver una película con la familia en un cine (palomitas incluidas) sigue siendo excesivo en la mayoría de los casos cuando hay alternativas mucho más económicas.

12207441_10153719819128114_982704879_o¿Qué hacer entonces? A mi modo de ver la fiesta del cine nos apunta una máxima obvia; “si el cine se abarata lo suficiente la salas se llenan y se consiguen recaudaciones más importantes” por tanto, ¿Por qué no explorar ese camino de la bajada de precios de una forma más imaginativa? Tomemos como ejemplo cualquier otro espectáculo (el fútbol, el teatro, la ópera, un concierto de rock, etc…) ¿Verdad que no cuestan lo mismo las mejores localidades que las que están más alejadas del escenario o las que tienen peor visibilidad? Entonces ¿Por qué en un cine se nos cobra lo mismo por la mejor butaca del centro de la platea que por la de una esquina en la primera fila? Pongamos otro ejemplo; es obvio que no cuesta lo mismo ver un Barça-Madrid que un Barça – Villanovense, ni ver en directo a los irlandeses de U2 que ver al grupo que acaba de ganar el concurso de bandas del barrio (con todos mis respetos para ambos) ¿Por qué entonces se cobra la misma entrada para ver la última superproducción de Hollywood que para ver una producción independiente de bajo coste y nacionalidad apenas conocida? (con todos mis respetos también para esta última) ¿Por qué se cobra lo mismo para la sesión de las cuatro de la tarde (casi siempre vacía entre semana) que para las de las diez de la noche? O ¿Por qué no aplicar descuentos progresivos a partir de la tercera semana de exhibición de una película dado que la mayor parte de la recaudación se consigue los dos primeros? ¿Por qué no arriesgarse con apuestas que intenten llenar las plateas? Al fin y al cabo si salen mal, costaría bien poco volver al “statu quo” actual.

Son sólo algunos ejemplos de por dónde creo que deberían ir los tiros si los exhibidores pretenden volver a ver colas frente a las taquillas. Mucho me temo que, de lo contrario (y me duele porqué amo el cine profundamente) están condenados a llenar sus butacas sólo cuando haya fiestas del cine o proyecten la última de superhéroes de turno, confiando que entre eso y la venta de refrescos y palomitas seguir encendiendo los proyectores les salga a cuenta.

O, si no, siempre les quedará la opción de #rezar para que los alienígenas invadan nuestras salas ávidos de buen cine como este Marte que hoy nos ocupa y que ha sido uno de los grandes reclamos de esta novena edición de la Fiesta del cine.

12210901_10153719819058114_1623962282_oEmpezaré por decir que aún ignoro qué surrealista criterio comercial ha hecho modificar el título en España de “The martian” (un original que era mucho más sugerente y fiel al desarrollo del film y al best seller literario de Andy Weir en que se basa) por el Marte empleado en la península. Pero ojo, que no cunda el pánico aún, este despropósito lingüístico es en cualquier caso el único ”pero” que se me ocurre ante un film redondo.
La película mantiene algunos paralelismos con otras dos producciones “espaciales” recientes; Interestellar y Gravity retomando el camino iniciado por ésta sobre films del espacio ajenos a la ciencia ficción pero con tratamiento visual Sci-fi. Aun así, a diferencia del film de Alfonso Cuarón, Marte no sólo brilla por su impactante virtuosismo técnico y narrativo, sino también por su guion (para un servidor el punto flaco de la multipremiada Gravity) una maravilla de efectividad firmada por Drew Goddard, que, conocedor de que el respeto entre cine y literatura no significa necesariamente clonación, se aleja lo justo de la novela original para conseguir engancharnos desde el primer minuto a la butaca con una historia de casi dos horas y media de metraje.

Confieso que me acerqué con cierto recelo a ver el último film de Ridley Scott, un director capaz de prodigios como Alien, Blade Runner, Thelma y Louise o Gladiator, o de despropósitos mayúsculos como La teniente O’Neil o la recientíssima Exodus en que se apuntaba a la nefasta moda de revisar a la baja episodios bíblicos como también se hacía en la catastrófica (en más de un sentido) Noé de Aronofsky.

Pero esta vez Scott probablemente consciente de que debía reservar sus mensajes filosóficos y existencialistas para sus dos próximos proyectos (la secuela de Prometeus y -“horreur”- la precuela de Blade Runner) plantea su trabajo simplemente como una entretenida historia de supervivencia y, a diferencia de la citada Gravity, lo hace desde la perspectiva de un protagonista mucho más optimista. A pesar de la solitaria omnipresencia del personaje principal en casi toda la novela, Scott y Goddard recurren a diversos trucos narrativos (como el recurso del video blog de Avatar, tan marca de la casa de Cameron) para mostrarnos esa vitalidad perenne a la vez que dar literalmente voz al naufrago Mark Watney (un correctísimo Matt Damon). Otro acierto de este enfoque positivo de la historia radica en darle la vuelta a la situación planteada en la magnífica Interestelar con esa épica trágica que suponía para los protagonistas del film de Christopher Nolan la carga existencial en forma de sacrifico personal que debían asumir por la supervivencia de toda la humanidad. Aquí en cambio se pasa del “uno para todos“ al “todos para uno”. Se trata tan sólo de salvarse uno mismo y en cierto modo (ojo spoiler) es el resto del mundo el que está más angustiado en la implicación por su salvamento. Curiosamente con ambas películas el prestigioso director británico no sólo se permite el lujo de compartir temática, sino también un homenaje nada velado al gran referente de la ciencia ficción espacial que sigue siendo 2001 y en el caso del film de Nolan, hasta algunos de sus principales protagonistas, lo que le permite obsequiar a Matt Damon con un personaje que parece justo el reverso de la moneda del que interpretó en Interstellar y a Jessica Chastain la oportunidad de demostrar que es una de las mejores actrices de carácter de la actualidad.

12204419_10153719819123114_1622008050_o

El film, sin más pretensión que #entretener pero con vocación y convicción de hacerlo rabiosamente bien de principio a fin nos muestra, tras un arranque frenético, a un McGyver astronauta enfrentado a un entorno y situaciones que ponen al límite su capacidad de supervivencia que, aunque a menudo ya han sido vistas en otras películas marcianas más o menos recientes como Misión a marte, Planeta rojo, Últimos días en marte, etc… Se nos presentan con un planteamiento suficientemente original como para que no nos parezcan previsibles. Si además se salpica la película con algunos divertidos guiños al público más “friki” (desde Big Bang Theory, hasta El señor de los anillos, pasando por Halt and catch fire o Ironman) se sirve aderezada con unos efectos visuales, fotografía y fondo musical impecables y se presenta en un lujoso plato con apariencia de superproducción plagada de intérpretes solventes, el resultado es una película brillante que conforma junto a Elegidos para la Gloria y Apolo XIII una suerte de trilogía imprescindible sobre grandes gestas de la NASA.

Pere Comeche. 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Share This
A %d blogueros les gusta esto: