Siempre nos hemos preguntado qué valores queremos en nuestra pareja ideal y barajamos siempre entre las mismas opciones: que sea guapo, sincero, inteligente, divertido, etc… Mientras obviamos la más importante; “que no le huelan los pies”.

La principal razón para el mal olor de los pies es la transpiración. Cada pie posee, además de muchos huesos, más de 250 mil glándulas sudoríparas, por lo que los pies se encuentran entre las partes del cuerpo más sudorosas. En un solo día, cada pie puede liberar hasta cerca de medio litro de transpiración.
De todas maneras, la transpiración consiste básicamente en agua y sal, por lo que no tiene un olor #específico. El mal olor de los pies es provocado por bacterias presentes en la piel que se alimentan del sudor y liberan desechos que tienen ese característico mal olor.

Las bacterias en general están presentes en la piel de todo el cuerpo y no suelen producir un olor perceptible, pero los elevados niveles de transpiración en el pie atraen a las bacterias y las proveen de una buena cantidad de alimento. Es cierto, y me incluyo, que la mayoría de mujeres tenemos tendencia a que, los actores más guapos del mundo, nos gusten en los papeles más dejados de la higiene.

Ejemplos evidentes:
*Brad Pitt en el Club de la lucha.
*Russell Crowe en Gladiator.
*Jhonny Depp en Los piratas del Caribe.
*Gerard Butler en 300.

Además, estamos en plena moda Hipster. Barbas, moños, gafas de pasta y ropa tiradilla. ¿No os ponéis cachondos sólo andar por la calle?

Pues atención porque, si ligas con el tío más bueno que hayas visto en tu vida, Tenéis una cita mediocre pero, aún así, insiste en acompañaros a casa a tomar un café o “la última” (que si no eres cortito sabes que vas a mojar). Ojito, pregúntaos…¿Por qué? Algo falla. O vais a follar por follar o hay algo que no cuadra. Pero vamos, os #santiguáis y dais gracias por la suerte que habéis tenido. Os entregáis, lo dais todo. Hay fuego. Saltan chispas. Lanzamiento de longitud con la ropa. Besos con mordiscos y lenguas jugando a un pulso chino. Caricias con pellizcos. Erección y excitación. Hay pasión, hay química, hay deseo, hay…hay…hay ¿queso?
¡Madre de mi vida! Está entre roquefort y cabrales…

Entonces llega el momento de: “me quiero morir” cuando, por fin, llega a vuestro cerebro un burofax que dice: Son sus pies.

¿Qué hacéis? ¿Le pedís que se los lave? ¿Seguís y morís de asfixia pero feliz de morir follando? Yo, directamente le diría: el único queso que me gusta es el suizo y no lo compro por el frío que paso al tener que ventilar mi casa en pleno invierno.

Si os habéis encontrado en una situación parecida compartid vuestra experiencia conmigo.
Por favor, hombres del mundo, podéis tener vuestro estilo pero, no descuidéis vuestra higiene y no compréis zapatos baratos. Gracias.

Os dejo la receta de hoy que tiene poco o mucho que ver con los hombres.
Espero que os guste.

Tarta de queso

Ingredientes para 4 personas:

600 gr de queso crema (tipo Philadelphia)
400 ml de nata líquida para montar
170 gr de galleta María
250 gr de mermelada de arándanos silvestres
70 gr de mantequilla
5 cucharadas soperas de azúcar
1 vaso de agua
1 sobre de 85 gr de gelatina de limón

Elaboración:

Trituramos las galleta María y la añadimos la mantequilla previamente derretida en el microondas para que nos cueste poco mezclar. Removemos bien.
Echamos la base de galleta que hemos elaborado en el molde de nuestra tarta y extendemos bien para que quede uniforme por toda la superficie.
Pre-calentamos el horno y cuando esté caliente bajamos la temperatura a 200º, ponemos calor arriba -abajo y horneamos la base durante 10 minutos.
En un bol mediano batimos el azúcar, la nata y el queso crema hasta que esté diluido. Calentamos el vaso del agua hasta casi su punto de ebullición y echamos el sobre de gelatina, removemos para disolver, cuando se enfríe un poco la añadimos a la crema de queso poco a poco. Batimos a medida que añadimos la gelatina.
Recuperamos el molde que estará enfriado, vertemos sobre él la crema de queso. Introducimos en la nevera y dejamos enfriar un día entero.

Echamos la mermelada de arándanos en un cazo, añadimos un poco de agua y calentamos en el microondas, con 15 segundos será suficiente. Así se disuelve un poco y no esta tan espesa, ofreciendo menos resistencia al untarla sobre la tarta.
Volcamos la mermelada sobre la tarta y esparcimos de forma uniforme por toda la superficie. Guardamos en la nevera hasta el momento de consumir.

¡Qué tengáis una buena receta!

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