Otro año más. Otro año pasado. Esto como en el “Día de la #marmota“, se va repitiendo.

Si echáramos la vista atrás y en el viaje del tiempo volviésemos al 31 de diciembre del 2014. Y nos viésemos brindando por el nuevo año. Visualizando nos con nuestra lista de buenos propósitos. Esos aspectos de nuestro ser que se nos resiste.
Como propósitos podemos encontrar algunos que depende de nosotros y sobre los que podemos tener algún control como dejar de fumar, perder peso, hacer ejercicio, ir al gimnasio, estar más con la familia, relacionarnos más.
Abrirnos al amor…

Qué nos aportan los #propósitos son la cara y la cruz de la misma moneda, nos permiten coger seguridad e ilusionarnos, de vernos capaces, de aumentar nuestra autoestima, de marcarnos objetivos y metas.
Pero y su cruz cuando cada año el mismo propósito aparece, se repite y ves que estas en el mismo punto de partida, que te queda pendiente todo el camino y que no has avanzado.Se te repite pero cada vez con menos fuerzas y menguando la ilusión. Y torpedeando a tus capacidades y al resto de cosas que haces bien y que como ya funcionan no las valoras como logros. Realzas lo pendiente y desmereces lo que has conseguido, olvidando el esfuerzo y el trabajo que ha habido detrás de ese logro.

¿Cómo podemos enfocar esos propósitos? Cómo deben de ser?
Primeramente realistas. Que sean asumibles. En positivo. Que sean planificados cual es el primer paso olvidate de la meta, no es un spring, céntrate como en una maratón, en pequeños objetivos.

Y sobre todo sé generoso contigo, no seas tu peor enemigo!

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