Cómo si de la canción de Sonny Curtis of the Crickets se tratase, David Bowieluchó contra el cáncer, y el cáncer ganó”. Tenía 69 años, había estado combatiendo su enfermedad durante 18 meses y acababa de publicar un nuevo álbum, “★” (Blackstar), un título que, paradójicamente, sirve para rubricar la marcha de esa estrella cuya luz ha dejado de brillar.

Volvemos a vestir un nuevo luto en el apartado musical de Tú a Chicago y yo a Barcelona en otra semana trágica. Si justo antes de finalizar el 2015 despedíamos el año con la muerte de Lemmy Kilmister, comenzamos el 2016 un poco más huérfanos tras el fallecimiento de El Duque Blanco, un apodo adquirido por Bowie en la segunda mitad de la década de los 70.

El porqué del apodo

Hablar de El Duque Blanco es hablar de la fascinación de David Bowie por Alemania. Corría la segunda mitad de los 70 y, por aquel entonces, el artista estaba realmente enganchado a las drogas. Tras su paso por el glam y la publicación del álbum Young Americans, Bowie comenzó a grabar temas inspirados en el soul de Philadelphia.

Como sería habitual en toda su carrera artística, el cantante reafirmó esta nueva etapa con un cambio de estilismo basado en la elegancia del cabaret alemán de los años 30. Su fascinación por la cultura germánica estaba floreciendo con una velocidad propia de las inquietudes de la edad pero, por encima de todo, propia de las efervescencias de una mente ansiosa de conocimiento que poder explotar.

Berlin Trilogy

Bowie aterrizó en Berlín en 1976, tan solo tres meses después de haber visitado por vez primera la ciudad alemana con motivo de un concierto de su gira Station to Station. Por aquel entonces, Berlín llevaba quince años separada por el muro y, pese a que las tensiones de antaño habían ido remitiendo, todavía existía un latente y perpetuo estado de amenaza.

Parte importante de que Bowie sustituyera Los Ángeles por Berlín reside en Romy Haag, una actriz y performance transexual (convertida en musa por el tiempo, la cultura pop y los fans), que descubrió a David la noche berlinesa, la historia reciente de la ciudad y su gran colección de discos cuando este visitó la ciudad por vez primera.

Fue en esta ciudad donde David Bowie creó la denominada Berlin Trilogy, formada por lo álbumes Low, Heroes y Lodger, grabados todos en colaboración con Brian Eno (Roxy Music) Pese a que tan solo Heroes fue grabado íntegramente en la ciudad, el compendio de discos recibe esa denominación porque Bowie vivía en Berlín Oeste cuando comenzó a gestarlos. Este hecho, sumado a las constantes inquietudes del artista, propició que los temas que los conforman estuvieran influenciados por la música electrónica que se hacía en Alemania por aquel entonces, dando como resultado un trabajo experimental que sitúa a la trilogía entre los álbumes de Bowie mejor considerados por crítica y público. No en vano, estos discos formaron parte de los trabajos musicales que darían lugar a nuevos estilos como New Wave, Post Punk o Industrial.

Y ahora sí, silencio el teclear en mi portátil porque poco más se puede decir de David Bowie que no se haya dicho hasta la fecha (y de decir, se está diciendo mucho desde el anuncio de su fallecimiento entre medios de comunicación, blogs, podcasts y redes sociales) Nuestra humilde intención, desde Tú a Chicago y yo a Barcelona ha sido la de rendir un pequeño homenaje a una de las figuras más grandes del rock y de la cultura pop a través del recuerdo de los que, particularmente, considero sus discos más interesantes. Hasta siempre, Ziggy… siempre nos quedará Berlín.

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