Hará cosa de un año, estuve con unos amigos viendo en directo un “apasionante” partido de la Premier League entre el Southampton y el Hull City (no hay partido más soso y gris ni vienen a cuento los motivos por los que estábamos allí) y estaba tan aburrido, que comencé a fijarme en el lateral derecho del Hull y a decirle a mis amigos que yo podría ser ese lateral. No arriesgaba un balón, no subía al ataque, sólo estaba “ahí”, sin aportar nada, pero sin cargarla de forma estrepitosa, pero eso sí, jugando en la Premier y llevándose unos buenos milloncejos al año, sin presión y sin responsabilidad, pasando desapercibido…ser Messi es muy difícil, pero ser “James Chester”, no me lo pareció tanto.

Mi sorpresa fue cuando al poco tiempo descubrí que ya había existido un caso así pero llevado al extremo, es decir, un estafador que había conseguido engañar a varios equipos haciéndose pasar por futbolista profesional y viviendo de ello durante varios años sin saber lo que era un balón.

Nos situamos en los años 80 cuando el gran Carlos Henrique Raposo, también conocido como “Kaiser”, aprovechó su palabrería y su cara de cemento armado para crearse varias amistades con futbolistas brasileños y algún que otro periodista. Su ecosistema las discotecas, allí conseguía hacerse amigo de gente del mundillo y su físico atlético le ayudaba a hacer creible su falsa vida de futbolista.

Su modus operandi simular continuas lesiones para no jugar o retirarse de los entrenamientos (no existían las resonancias magnéticas) y conseguir certificados médicos de baja de un amigo dentista. De esta manera podía pasarse una temporada entera sin jugar un minuto, pero cobrando como el que más. Consiguió su primer contrato profesional con el Botafogo brasileño en 1986 y de allí pasó al Flamengo, dónde tampoco disputó ni un sólo minuto y se comenta que llegaba al entrenamiento hablando “inglés” con un móvil de juguete (en esa época los móviles además de enormes eran seña de poder) haciendo ver que tenía negociaciones con equipos europeos.

Después de “jugar” en más equipos brasileños, alguno mejicano y un estadounidense, volvió a Brasil para jugar en el Bangú, donde hizo una de sus para mi, dos obras cumbre. En la segunda parte de un partido y viendo que el entrenador estaba pensando seriamente en ponerlo a jugar, se peleó con un aficionado, lo expulsaron y se salvó de saltar al terreno de juego. Al llegar al vestuario y antes de que le echasen bronca le dijo al entrenador que había perdido a su padre y que ya que Dios le había dado otro padre (el entrenador) no consentía que un aficionado lo insultase, el entrenador lo besó en la frente y lo renovó seis meses más.

La otra genialidad fue cuando fichó por el Ajaccio de la liga francesa, saltó al campo en su presentación y allí había montones de aficionados esperando y varios balones en el césped, ante el peligro de que le pidiesen dar toques con el balón y que se descubriese el pastel, comenzó a lanzar todos los balones a los aficionados, a saludar y a besarse el escudo, volviendo a escaquearse y de paso metiéndose a su nueva afición en el bolsillo, ¿era o no un genio?

¿Qué es más difícil ganar 5 balones de oro y montones de títulos o “jugar”  14 partidos no completos durante casi 20 años y en 11 equipos diferentes sin saber darle una patada a un bote?, para mi está claro, ni Messi, ni Cristiano, Carlos Henrique Raposo alias “Kaiser”, el único genio de la historia del fútbol sin tocar un balón.

 

“No me arrepiento de nada, los clubes han engañado y engañan a muchos futbolistas, alguno tenía que vengarse”. Carlos Hernando Raposo

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