Hablemos de sexo

Me gustaría dar cuatro pinceladas aprovechando la ocasión, al omnipresente tema del sexo. Hablemos de sexo, en concreto, hablemos de cómo hablamos sexo, dependiendo de diferentes factores.

Generalmente hombres y mujeres hablamos sobre sexo de forma distinta, enfatizando diferentes aspectos de la sexualidad y las relaciones. Las conversaciones sobre sexo suelen estar cargadas de humor, anécdotas, aspectos “técnicos” e incluso en ocasiones, despiertan el espíritu competitivo (frecuencia de relaciones, calidad, carácter “explorador” e innovador). Las conversaciones entre hombres suelen estar bañadas en salsa de testosterona, destacando aspectos propios de ésta como la dominación, masculinidad, la potencia y la variedad de parejas. Sexo duro y explícito, pasando los sentimientos a un plano tan secundario que son casi imperceptibles.

Socialmente asumimos que las conversaciones entre mujeres son muy distintas, como más #light, con un énfasis mayor en aspectos emocionales y una mayor sutileza, dejando a un lado detalles íntimos o potencialmente comprometedores. En mi caso, afortunadamente he podido comprobar que esto no es del todo y/o en todas las ocasiones cierto.

Aquí va mi anécdota:

Años atrás cuando la economía española jugaba la Champions League de las potencias europeas (el autor se permite la ironía) y era posible encontrar un trabajo en poco tiempo, pasé un par de meses empleado en el sector de la Automoción. Durante un descanso para llenar el estómago, acabé sentado junto a 3 compañeras, contra la fachada de la nave, divagando entre pensamientos.

Me despertó de mi ensoñación escuchar a una de ellas explicar sus planes del fin de semana, con un tipo que conoció recientemente y que le había enviado una foto al móvil por mensaje (MMS, ¡que tiempos aquellos!). En la foto aparecía el susodicho junto a un caballo. Era una chica de treintaytantos, atractiva y sin prejuicios. Tras enseñar la foto acompañó con un comentario: “Este es su caballo y él espero que la tenga como el caballo”. Al momento soltó un ¡Ay! y se quejó por haber recibido un golpe doloroso de la compañera que se sentaba entre nosotros 2.

Rápidamente de di cuenta que la amiga estaba intentando cortarla o al menos que rebajara el tono de la conversación debido a mi presencia. Ella no había advertido mi presencia y se quejó  “-¿Qué? Sólo he dicho que ojalá la tenga como el caballo-“. Eso no ayudó, todo lo contrario, le valió para que su compañera le clavara las uñas en la parte interior del muslo, como si a mayor dolor, mayor claridad en el mensaje.

Permanecí callado, era divertido. En algún momento, imagino, acompañó su advertencia con un movimiento de ojos o cabeza que delató mi presencia, la respuesta fue muy reveladora “–Ah!” (pausa para tragar saliva) “No importa, es como si fuera una chica” – dijo con cierto temblor en la voz que delataba que en el fondo importaba.

Siempre me ha resultado curioso que le pareciera mejor idea arriesgarse a ofenderme que reconocer que es una mujer que habla libremente de sexo como, cuando, donde y con quien le da la gana.

Es cierto que socialmente o mejor dicho, una parte importante de la sociedad, tiene interiorizado que la libertad sexual en un caso es una muestra de hombría y en otro es un indicador de promiscuidad (entendiendo esta como un defecto).

Con el paso del tiempo esto está cambiando, pero a un ritmo más lento que otros aspectos menos importantes de las relaciones humanas. En el fondo los culpables somos todos (o la gran mayoría) que aceptamos roles que nos diferencian a hombres y mujeres (el conquistador y la princesa conquistada por ejemplo), aunque nuestras ideas se contradigan con ello. Potenciamos estas creencias y formas de actuar al asumir esos #roles, dificultando con ello que alguien que actúe “fuera de la norma” pueda tener tanto éxito como el que más, y empujando a que estas personas actúen como el resto, aunque sea por pura estrategia.

Con todo lo dicho anteriormente, el principal factor influyente es cultural. Las conversaciones sobre sexo o el simple hecho de hablar de sexo, guarda ciertas diferencias dependiendo mucho de la cultura a la que pertenecen los interlocutores. Probablemente una conversación sobre sexo entre españoles (independientemente del sexo) sea distinta de la misma conversación entre japoneses. Su cultura, con ese exagerado sentido del ridículo y ese casi temor a la invasión de la intimidad del semejante, nos hace difícil imaginar las numerosísimas conversaciones subidas de tono, entre chocos y bravas que podemos disfrutar en las mesas españolas. Ni falta hace decir que en el caso de ciertas regiones del mundo islámico por ejemplo, en las que la ginecología es una profesión reservada a mujeres, las conversaciones sobre sexo en público, es un espacio reservado a los hombres, entre otras cosas, porque lo contrario podría suponer la condena a muerte de la mujer (o algo incluso peor).

Hablar de sexo es culturizarse, nos divertimos, exploramos, aprendemos y destruimos prejuicios al hacerlo.

En la sociedad española existen todos los ingredientes necesarios para que ello se pueda realizar con total libertad e igualdad, sin distinguir entre sexo u orientación sexual de los conversadores. Desafortunadamente aun no hemos llegado a lograr que esto sea una realidad probablemente por prejuicios que no son más que vestigios culturales del pasado. Que sorpresa…

Por supuesto esta es sólo mi opinión basada en mi experiencia. Supongo que muchos de vosotros tendréis la vuestra y me encantaría que la compartiérais.

Daniel Alvaro.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Share This
A %d blogueros les gusta esto: