El otro día leí un estudio de la VU University de Amsterdam que demostraba una relación directa entre el visionado de una foto de una zona verde durante 5 minutos y la atenuación de los efectos del estrés. Todos sabemos que salir al aire libre tiene un efecto beneficioso para liberar el estrés, pero de lo que se trataba en este estudio era de ver si ese efecto también se podría conseguir en un sitio cerrado mediante el visionado de imágenes de aire libre, en este caso concreto de parques y jardines urbanos. Y por lo visto así es. Podemos hablar de fotos terapéuticas. Existe también una fotografía terapéutica basada en el uso de la fotografía como medio de expresión por parte del paciente. Pero no es el caso que vamos a abordar aquí. Aquí vamos a realizar fotos con efectos terapéuticos.

Las fotos de zonas verdes activan el sistema parasimpático cuando se muestran después de la actividad estresante y eso permite recuperarse antes del estrés.

Para que no te leas el estudio entero, que encima está en inglés, te lo voy a resumir en la medida de lo posible. Antes y después de realizar una actividad estresante enseñan a unos voluntarios imágenes de zonas urbanas (coches, calles y casas) o imágenes de zonas verdes urbanas durante 5 minutos, y luego miden la actividad del sistema nervioso simpático y el parasimpático. El resultado es que las fotos de zonas verdes activan el sistema parasimpático cuando se muestran después de la actividad estresante y eso permite recuperarse antes del estrés. El resto de pruebas no causa efectos destacables. También se pretende demostrar si el visualizarlas antes de la actividad estresante puede tener algún efecto “amortiguador” del estrés, pero el resultado es negativo.

Estudio de la VU University

Fotos utilizadas en el estudio de la VU University

Lo que viene a decir este estudio es que la representación de la imagen basta para conseguir el mismo efecto que la propia vivencia. En fotografía de lo que se trata es de explicar historias y transmitir, transmitir sentimientos y/o sensaciones, y esta es la parte difícil y que es mérito exclusivo del fotógrafo, no de la cámara. Vale que un buen equipo o una buena edición ayudan a dar fuerza al mensaje, pero el lenguaje sólo lo sabe usar el fotógrafo.

Lo que explicaré a continuación está basado en mi propia experiencia en el área de la fotografía con que más disfruto y que no necesariamente quiere decir que domine: naturaleza y paisaje. No pretendo sentar cátedra con esta explicación sino tan sólo hacerte saber lo que pienso y cómo hago las cosas, cómo disfruto de la fotografía.

A pesar de haber caminado durante horas para llegar al sitio, sólo el hecho de contemplarlo y vivir ese momento te quitará el cansancio y todos los males.

Un paseo por un bosque o tener ante ti un paisaje soberbio, una playa solitaria o una espectacular puesta de sol seguro que te causan una sensación de asombro y luego de placer que hará que se te escape alguna exclamación (¡Guaau!… ¡Ualaa!… ¡La virgen!… ¡Host** p**a!…). Es ese efecto beneficioso del que hablaba al principio, esa activación del sistema parasimpático que nos ayuda a aliviar la tensión del estrés. A pesar de haber caminado durante horas para llegar al sitio, sólo el hecho de contemplarlo y vivir ese momento te quitará el cansancio y todos los males. Y como te apasiona la fotografía vas a querer llevártelo a casa para repetirlo las veces que quieras. Tienes que ser capaz de meter en la cámara, no lo que has visto sino lo que has sentido. Y eso es relativamente fácil cuando sientes algo.

Los sentidos que nos transmiten las sensaciones cuando estamos al aire libre son el olfato, el oído y la vista. El olfato nos entrega el olor del aire limpio, el de las flores en primavera, el del salitre de la playa, o el de la tierra mojada tras una llovizna de otoño. El oído nos entrega el canto de los pajarillos, el rumor de las olas o el paso del viento entre las ramas de los árboles. Y la vista, el sentido más poderoso, nos da todo lo demás, la luz, el color, las formas y la disposición de las cosas en el espacio. Y con una sola foto tenemos que ser capaces de despertar esos mismos sentidos en el espectador. El olfato y el oído no igual que nosotros porque el espectador no ha estado allí, así que habrá que evocarlos con el de la vista.

Se supone que ya conocemos los controles de la cámara, sabemos exponer y enfocar correctamente (histograma equilibrado y a ser posible enfocar a la hiperfocal) y también controlamos la profundidad de campo (nos interesa captarlo todo, así que poco diafragma para la máxima profundidad de campo), y sabemos qué objetivo utilizar para cada cosa (como se trata de fotografiar aire libre, lo suyo es un gran angular o cualquier focal corta), así que nos vamos a centrar en la captura de la sensación:

1.- Primero de todo, una vez disfrutado el primer instante de este momento maravilloso tenemos que aislar qué es lo que más nos ha llamado la atención, lo que nos ha provocado la sensación placentera que queremos conservar, lo que nos ha arrancado la exclamación. Si no lo ves a primera vista, vuelve a mirar y recorre la escena hasta encontrarlo, pero cuando más tardes menos probabilidades de conesguir una buena foto. Tenemos que ser rápidos. Un arcoiris es efímero y un atardecer dura pocos minutos, y la luz y las nubes cambian en instantes. Inmediatamente después tenemos que pensar la composición, y nos vamos a atener a las reglas básicas.

2.- Procura no romper las reglas para hacer una composición atrevida porque en este tipo de fotos, las fotos terapéuticas, no funcionará. Hay que seguir las reglas de los pintores clásicos, que por eso pintaron tanto durante varias siglos: la regla de los tercios y la proporción áurea. Y sólo si la situación lo aconseja puedes hacer uso del espacio negativo rompiendo las reglas anteriores. Juega también con líneas, diagonales y puntos de fuga si los hay, pero intenta que la composición resultante no sea diferente de lo que has visto y te ha causado la sensación.

3.- Llegó el momento de disparar. Con los ajustes básicos de la cámara ya fijados y el enfoque manual a la hiperfocal, encuadramos, medimos la luz, corregimos exposición si hace falta, y disparamos. Si es necesario montamos la cámara en un trípode, pero por lo efímero de los momentos yo prefiero disparar a pulso haciendo uso del estabilizador y de la ISO que sea necesaria. Nunca me verás cargar con un trípode a menos que vaya a hacer fotografía nocturna o astronómica.

4.- Después del disparo no revises la foto. Si tienes alguna duda repítela con alguna variación, pero no la revises. Se pierde tiempo y puede que la elimines innecesariamente. A mí me ha pasado muchas veces que pasado un tiempo he acabado quedándome con la primera opción.

Ya lo que queda, una vez en casa, es abrir las fotos en la pantalla del ordenador y comprobar si cuando las miras experimentas las mismas sensaciones que cuando las hiciste. Si es así, enhorabuena, has conseguido realizar unas fotos terapéuticas. Como mínimo las podrás usar de fondo de pantalla en la oficina. Una mirada tras una reunión estresante o la llamada de un cliente cabreado, y como nuevo. Y si no lo has conseguido, puede ser debido a diferentes causas:

  1. No has identificado el elemento que te provoca la sensación o no has elegido la composición adecuada
  2. Has tardado en hacer la foto y se ha perdido la esencia
  3. Aún no controlas lo suficiente la cámara
  4. Era difícil para tu nivel y necesitas más experiencia

En cualquier caso no desesperes, y ya lo lograrás en otra ocasión. Lo importante es disfrutar con lo que haces y no perder la fe. Seguro que habrás pasado buenos momentos haciéndolas y querrás más.

Vamos a analizar ahora la foto con la que abro el post, a la que puse de título Aquellos paseos de otoño. Está tomada en noviembre en un sendero del Parque Natural del Señorío de Bértiz, en el valle navarro de Baztán, cerca de Elizondo. Lo que captó mi atención fue la brillante luz que hacía ganar vida a los colores de las hojas de los árboles, y que contrastaba con lo oscuro de los troncos. Es lo que me provocó la sensación. Elegí una composición en que se viera la curva del camino iluminada por esa luz, dando especial protagonismo al follaje iluminado de los árboles. El camino guía la mirada del observador dándole la impresión de estar caminando por él. Ayuda a dar contexto para hacerlo más receptivo a la sensación a transmitir. Como no se trataba de un momento efímero dejé que las dos personas que me acompañaban se adelantaran hasta situarse en un punto soleado del camino donde la luz resaltara las siluetas pero donde no ganaran demasiado protagonismo. Me ayudarían a dar dimensión. De hecho no eran conscientes de que iban a salir en una foto y seguían caminando. Una vez en el sitio encuadré con la regla de los tercios situando la cabeza de la persona de la izquierda en una de las intersecciones (lo hice mentalmente porque no tengo rejilla en el visor). Cambié la focal a 45mm porque la zona soleada quedaba demasiado lejos y pequeña para mi gusto, medí la luz y subexpuse 2/3 de paso para resaltar el contraste de luces y sombras. Y disparé.

 

Para cerrar este post te muestro algunas de mis fotos terapéuticas que mejor me devuelven la sensación de bienestar y que más rebajan mi nivel de estrés con sólo mirarlas un momento. Ya me dirás si también te funcionan.

 

Barrancos, tomada en Siurana en un mes de abril. Rompí la regla de los tercios y del horizonte y situando las personas muy en un lado creando mucho espacio negativo. Me transmite sensación de aire fresco y vértigo.

Agua de vida, tomada en la Riera de Rupit en un mes de mayo. Plano cerrado con un 50mm de focal fija resaltando los diferentes tonos de verde. Me transmite fresor y humedad.

Rastros, tomada en la playa de Famara en Lanzarote, en un mes de agosto. Encuadre dejando muy poco espacio para el cielo, el justo donde había nubes. Lo importante es la arena, su textura y sus formas. Me transmite aire caliente y olor a salitre.

Mal de alturas, tomada en lo alto de la Serra dels Bufadors en Santa María de Besora un mes de noviembre, tras una tormenta. Destacando las tonalidades de la vegetación y la luz atravesando las nubes. Mirarla me recuerda el ataque de vértigo que tuve al hacerla, en un estrecho sendero con barranco a ambos lados sin apenas poder apoyarme en nada. A una persona normal supongo que le debe transmitir grandiosidad.

Reflejo incompleto, tomada en el pantano de Santa Fe de Montseny un mes de febrero. Apenas muestro un poco de cielo para dejar entrar luz y aire en el encuadre. Lo importante es el hielo y la tonalidad azul. Me transmite frío y serenidad.

 


  • Todas las fotos excepto las del estudio de la VU University son mías bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0.

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