Inicio la segunda temporada de este nuestro blog relatándote una historia verídica que me acaba de suceder hace escasos días. Acabo de regresar de mis primeras vacaciones de verano en dos años, y obviamente he vivido momentos memorables que he documentado con fotos irrepetibles, en total algo más de 2.400. Tengo la costumbre de volcar todas esas fotos en un disco duro externo conectado en un portátil, y una vez allí las ordeno por fecha, las clasifico en carpetas por lugares, las geoetiqueto todas, y las importo a Lightroom para revisarlas y hacer la primera eliminación. En total he dedicado 4 días a ello y han quedado 1.826 fotos, que son las definitivas. Y yo estoy muy satisfecho con el resultado.

De vuelta a casa conecto este disco duro a mi ordenador de trabajo fotográfico, y cuál es mi sorpresa cuando no encuentro en él la nueva carpeta con las fotos de las vacaciones. Lo vuelvo a conectar en el portátil, y desde allí tampoco. Y como tengo la manía de mover y no copiar los archivos de las tarjetas de memoria al disco duro, tampoco tengo las originales en las tarjetas. ¿Sabes el emoticono del #grito de Whatsapp? Pues en ese momento mi rostro es una fiel reproducción. Ésta es una de las peores sensaciones que puede experimentar un fotógrafo, el darse cuenta que ha perdido un lote completo de fotos, y en este caso los recuerdos gráficos de unas inolvidables vacaciones. Pero afortunadamente además de fotógrafo aficionado, me gano la vida como informático y tengo los sufucientes conocimientos como para intentar recuperar las fotos borradas.

Estructura de un disco lógico

Estructura de un disco lógico

Primero de todo es muy útil conocer cómo se guarda y administra la información en nuestros discos duros, tarjetas de memoria y memorias flash USB (pendrives o lápices de memoria). Sin entrar en muchos detalles técnicos, lo resumiré a groso modo diciendo que estos medios dividen su espacio en bloques, sectores o clústers, todos con la misma capacidad, donde se graban los archivos. Si un archivo es más pequeño que un clúster, se guarda en él y en el espacio sobrante no se guarda nada más. Si es mayor que un clúster, se guarda en todos los clústers necesarios, aunque no sean contiguos, y en el espacio sobrante del último tampoco se guarda nada más. El sistema de archivos del disco o de la memoria se encarga de mantener una tabla donde se almacenan los nombres de las carpetas y de los archivos así como sus atributos, la fecha, el tamaño, y el número del primer clúster donde está grabado el archivo (los subsiguientes números están al final de cada uno de los clústers hasta que se llega a la marca de final de archivo), entre otros datos. Esta tabla se llama FAT (file allocation table) y no hay que confundirla con el sistema de archivos FAT. Además el sistema se encarga de mantener un duplicado de esta tabla por si las moscas. Las dos copias de la FAT así como el sector de arranque del disco y el directorio raiz se guardan en unos clústers específicos, normalmente los primeros del disco.

Estructura de un archivo en la FAT y el disco

Estructura de un archivo en la FAT y el disco

Cuando borramos un archivo o una carpeta, lo que se hace es eliminarlo de la FAT y marcar sus clústers como libres. En la mayoría de sistemas de archivos ni siquiera se borra la información de la FAT, sino que se renombra el archivo añadiéndole un caracter que indica al sistema operativo que ese archivo está borrado. Cuando añadimos un nuevo archivo, se guarda en los primeros clústers disponibles, que pueden haber pertenecido a un archivo borrado, y se guarda la información del archivo en la FAT, sobrescribiendo el “hueco” dejado por algún otro archivo marcado como borrado o bien añadiéndola si no hay archivos borrados. Al formatear, lo que se hace es eliminar la FAT, al menos en el formateo llamado “rápido”. Y cuando el sistema nos avisa de que hay errores en el disco y que hay que repararlos, lo que suele hacer esta reparación es arreglar la FAT basándose en la copia de la misma.

Programas-para-recuperar-archivos-borrados

Herramientas de recuperación de archivos

Pues sabiendo todo esto es fácil deducir que mientras no se guarde nada nuevo en el disco duro o en la tarjeta de memoria, los últimos archivos borrados seguirán estando físicamente en sus clústers como si nada. Sólo hace falta recuperarlos en la FAT. Aún recuerdo aquellos tiempos en que recuperé una valiosísima base de datos editando con un editor hexadecimal el clúster de un disco duro que correspondía a la FAT cambiando el carácter de borrado del nombre del archivo (mira que era friki). Afortunadamente hoy en día disponemos de un sinfín de herramientas de recuperación que lo hacen infinitamente más fácil. Estas herramientas pueden ser gratis o de pago, más o menos potentes y para Windows o para Mac. No es el objeto de este post hablar de ellas porque en Internet hay decenas de blogs y artículos que hablan con detalle sobre recuperación de archivos borrados. Sólo voy a decir que la que he usado se llama Recuva, es gratis, fácil de usar, y se puede bajar de la página del fabricante Piriform. No es el mejor ni el peor, pero a mí me ha salvado la vida varias veces. El programa está traducido al castellano y permite recuperar archivos mediante el escaneo de la unidad donde se han borrado. Podemos concretar el tipo de archivo a recuperar para que vaya más al grano, e indicarle si queremos un escaneo profundo para que encuentre aquello que no aparece con el escaneo simple. El programa tarda más o menos según el tamaño de la unidad de disco o memoria, y si le hemos pedido escaneo profundo o no. Al acabar nos presenta una lista con los archivos que ha encontrado y que se podrían recuperar, informando del estado de recuperación de cada uno, y en el caso de las fotos una miniatura para poder identificarlas, ya que a veces no se recuperan los nombres. Una vez elegidos los archivos a recuperar nos pregunta por un lugar donde guardarlos, que no tiene que ser en la misma unidad que estamos recuperando para no machacar los datos. Y con un poco de suerte habremos recuperado todo lo que dábamos por perdido.

Recuperar las fotos borradas

Volviendo a mi situación, lo primero que hice fue intentar recuperar las fotos de las tarjetas de memoria, tanto la de la cámara como la del móvil. Como apenas las había usado después de mover las fotos al disco duro sería posible recuperar la mayoría de ellas. Dicen que cuando se trata de recuperar archivos de tarjetas de memoria hay que hacerlo desde un lector de tarjetas, pero aún disponiendo de él, en el caso de la cámara yo lo hice conectándola al PC por el cable USB porque es como suelo acceder a las fotos de la cámara. A fin de cuentas el PC la reconoce como una unidad de disco externa. Pues bien, tras el primer escaneo Recuva me encontró unos pocos archivos que no eran los que buscaba, así que inicié de nuevo el asistente con un escaneo profundo, y esta vez, tras unos minutos (que no fueron muchos) me devolvió unos seis mil y pico archivos recuperables con nombres que no tenían nada que ver con los que me esperaba. En la vista de miniaturas pude reconocer que la mayoría eran fotos que había disparado estas vacaciones. Al pasar por encima de la miniatura Recuva te dice el tamaño de la foto en píxeles y en bytes, así como el estado de recuperación. Comprobé que muchas de ellas, las que tenían como nombre un número entre corchetes, tenían un tamaño de 1620×1080, que seguramente correspondían a las miniaturas que crea la cámara para mostrarte la foto en la pantalla, pero otras con nombre “SONY DSC”, tal cual, sí correspondían con la resolución de la cámara, así que las seleccioné y las recuperé en uno de los discos duros del PC. En total eran poco más de dos mil, y no sé si eran todas las que hice, pero la cifra más o menos me cuadraba. Aunque sí echaba de menos alguna foto que recordaba haber hecho y no estaba.

Lo siguiente fue hacer lo mismo con el móvil, pero al conectarlo al PC por el cable USB, no sé por qué pero no me mostraba todo el contenido de la tarjeta de memoria, así que no me quedó más remedio que sacar la microSD y conectarla directamente al PC mediante un adaptador USB que tengo. Repetí la misma operación que con la cámara, y en el primer escaneo no me encontró nada útil, pero en el segundo me devolvió miles de archivos. Claro, el móvil genera mucho tráfico de archivos en la tarjeta, aparte de las fotos que puedas hacer. En la vista de miniaturas pude reconocer fotos del verano que tampoco conservaban su nombre original pero la resolución era la correcta y estaban en perfecto estado, así que las marqué y las recuperé en el mismo disco donde recuperé las anteriores. Creo que en el caso del móvil sí recuperé todas las fotos borradas.

Pero aquí no acaba la cosa, porque no quería renunciar al trabajo de clasificación y etiquetado de 4 días, aparte de cambiar la hora de disparo de todas las fotos que hice en otro huso horario y se me olvidó cambiarlo en la cámara. Así que conecté el disco duro externo al portátil con el que estuve haciendo todo ese trabajo. Al conectarlo el ordenador me informaba de que había errores en el dísco y que era conveniente repararlos. Por si acaso la reparación se cargaba el resto de la información, hice una copia de todo en otro sitio. Bueno, de todo lo que el sistema podía ver, porque por culpa de esos errores no eran accesibles todas las carpetas. Una vez copiado todo lo que pude procedí a la reparación que sugería el sistema. No sé en qué consiste esta reparación que hace Windows, pero tarda bien poco y en el disco duro aparece una carpeta de nombre “found.000” donde se supone está todo lo que ha encontrado y no ha podido colocar en su sitio. Y digo “se supone” porque cuando entras a mirar qué hay te dice que no tienes acceso. Acceso denegado. ¡Toma ya! ¿Para qué me recuperas algo en un sitio donde no voy a poder acceder? ¿Para que no me lo vuelva a cargar? Total, que no sé si es un fallo de diseño de Windows o lo hacen adrede, pero hay que hacer una serie de operaciones para poder entrar: editar las propiedades de seguridad avanzadas, hacerme “propietario” de la carpeta para poder darme permisos, y ya está. Entro en la carpeta “found.000” y encuentro allí algunas carpetas en las que no podía entrar durante la copia de seguridad por culpa de los errores, y… ¡la carpeta de los fotos de vacaciones! ¡Oeeeee! Nada, que la abro todo emocionado… y el gozo en un pozo. Sí, es la carpeta de fotos de las vacaciones, pero el contenido no está completo. Sólo tiene unas pocas subcarpetas con fotos en su interior. Abro la primera de ellas y encuentro una de las fotos que menciono arriba que no pude recuperar de la tarjeta de la cámara. ¡Menos mal! Queda un atisbo de esperanza.

Pues bien, con los errores de disco reparados y alguna foto recuperada, me dispongo a usar el Recuva en el disco externo. Como era de esperar, el primer escaneo no me encuentra nada interesante, así que repito con el escaneo profundo, y esta vez Recuva me informa de que va a tardar… ¡19 horas! Dejo pasar unos minutos a ver si se ajusta el tiempo, y sí se ajusta, sí… 20 horas, más de 1 día… Bueno, no tengo prisa, así que pongo a hacer otras cosas en casa mientras el ordenador busca mis fotos perdidas. A las 5 horas regreso y cuál es mi alegría cuando Recuva me dice que faltan 10 minutos. Me espero pues delante de la pantalla, y al final me muestra los archivos transcurridas 5 horas y 7 minutos. En total algo más de 6.000 fotos recuperables de un total de más de 120.000 archivos borrados (por eso conviene indicarle a Recuva que sólo busque fotos). En un primer repaso en la vista de miniaturas reconozco las fotos de las vacaciones, y con sus nombres de archivos correspondientes. Además todas juntitas y casi en orden, así que me resulta fácil seleccionarlas y recuperarlas, esta vez en una carpeta diferente de las recuperaciones anteriores. Voy a esta carpeta y miro el número de archivos, 1.826, exactamente el mismo número de fotos que había perdido. Genial, ¿no?

Abro al azar algunas de las fotos recuperadas y compruebo que están en perfecto estado y corresponden concretamente a las que había perdido, con lo que no sólo he recuperado las fotos de las vacaciones, sino que también el trabajo realizado sobre ellas. Al menos sobre las que he abierto. El siguiente paso va a ser reconstruir la estructura de subcarpetas. Normalmente cuando estoy varios días fuera visitando diferentes sitios y haciendo fotos, los archivos los clasifico en una subcarpeta para cada uno de estos sitios y día. Para reconstruir esta estructura lo que hago es abrir el Lightroom del disco externo e intentar abrir el catálogo de fotos. Obviamente no va a encontrar las fotos que faltan, pero en el árbol de carpetas sí van a aparecer los nombres y cuántas fotos debería haber en cada una. Con esta información voy creando en el disco de recuperación las carpetas correspondientes y moviendo a ellas los archivos que toca. Después cierro Lightroom, copio esta estructura de carpetas con sus archivos al disco duro externo como debían estar antes de su desaparición, y abro de nuevo Lightroom con este mismo catálogo. Ahora sí empiezan a aparecer las miniaturas en la pantalla de Lightroom. Me siento francamente muy satisfecho por la labor de recuperación.

Voy pasando páginas de miniaturas una a una para comprobar que las miniaturas sean correctas, y al final encuentro 3 fotos que no cargan miniatura y una foto que no es de esta vacaciones aunque el nombre del archivo sí. Seguidamente busqué esas fotos en la carpeta donde recuperé las tarjetas de memoria… y allí estaban las “buenas”, así que las copié de nuevo al disco externo, y ¡colorín colorado, este cuento se ha acabado! Afortunadamente para mí con final feliz. De hecho he disfrutado mucho recuperado las fotos porque una de las ramas de la informática que más me gusta es la “informática forense“, y cuando me pongo en ello el día no tiene suficientes horas.

Bueno, si has llegado hasta aquí leyendo todo este tostón, realmente te mereces una ola, pero no una ola cualquiera, sino una de ésas que vuelven locos a los surferos, un Maverick. Sólo destacarte estos puntos que yo nunca cumplo pero lo voy a tener que hacer:

  1. Nunca borres inmediatamente las tarjetas de memoria
  2. Haz tantas copias de los archivos como puedas, en diferentes medios y guardadas en diferentes lugares
  3. No retires los dispositivos USB sin hacerlo de forma segura
  4. Si se te han borrado archivos, no uses el disco o la tarjeta de memoria y utiliza una herramienta de recuperación

 

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